El Senado y la reforma de trasnoche: 42 votos para vender el futuro

Entre gallos y medianoche, el oficialismo logró la aprobación en general de la reforma laboral. Un acuerdo cocinado con gobernadores, la UCR y la complicidad de la CGT, que ahora pasa a Diputados con un cronograma de urgencia.

Análisis de la actualidad12/02/2026BrunoBruno
aprobado reforma laboral

La sesión de 14 horas terminó con lo que ya se sospechaba: el triunfo del secretismo. Con 42 votos a favor, el Gobierno blindó una ley que nadie leyó completa hasta diez minutos antes de votar. Senadores que cobran siete cifras decidieron, entre pasillos y cafés, que el laburante que se enferma tiene que cobrar menos. Un "logro" que solo se explica por el mercado de favores entre la Casa Rosada y las provincias.

El mapa de la entrega y el factor "caja"
Para llegar al número, Patricia Bullrich y Diego Santilli no apelaron a la filosofía política, sino a la billetera. Le devolvieron Ganancias a los gobernadores (incluyendo al salteño Sáez y al cordobés Llaryora) y le garantizaron a la CGT que sus cajas y obras sociales no se tocan. El "espíritu" de la ley es disciplinar al trabajador, pero los privilegios de la casta sindical y política quedaron intactos.

Lo que te escondieron en la letra chica:

Enfermarse sale caro: Por pedido de la UCR, ahora si tenés un problema de salud, tu licencia puede caer al 75% o 50% del sueldo. Un retroceso de un siglo en cinco minutos de negociación.
Justicia a medida: El traspaso de la justicia laboral a la Ciudad es el regalo soñado para las grandes empresas, buscando jueces más "amigables" con el despido.
La timba del Fondo de Asistencia: Un sistema que huele a las viejas AFJP y que fue el punto donde el oficialismo puso toda la carne al asador.

El miedo al sol y a la calle
El apuro por sesionar en Diputados el 25 de febrero no es eficiencia, es pánico. Saben que cuanto más se conozca el detalle de esta "ley de esclavitud", más difícil va a ser contener la bronca que ya se sintió afuera del Congreso a pesar de los gases. Ganaron el primer round en los despachos, pero la verdadera pelea se muda a las fábricas y a las paradas de colectivo, donde el ajuste no es una planilla, es la realidad.

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