Reforma de la ley penal juvenil, El Estado que abandona hoy y condena mañana

Mientras el 60% de la niñez argentina se hunde en la pobreza, la política agita la baja de punibilidad como solución mágica. Entre el dolor de las víctimas y la demagogia legislativa, se oculta la verdadera omisión: un sistema que fabrica exclusión a destajo y solo aparece para bajar el martillo cuando el daño ya es irreversible.

Análisis de la actualidad14/02/2026 por Bruno
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El fetiche de la temporada de verano 2026 es bajar la edad de imputabilidad, mediante la reforma de la Ley Penal Juvenil, ya con media sanción,  y nos venden esa receta mágica como el fin de la "puerta giratoria", pero que no es más que el síntoma de una ceguera de humanidad terminal.

Hablemos de números, aunque en este país las estadísticas suelan ser el dibujo de una esperanza que nunca llega.

 La aritmética del espanto
Fíjense en este detalle: en Argentina tenemos unos 12 millones de menores. ¿Saben cuántos tienen una denuncia penal? El 0,55%. Eso nos deja un 99,45% de chicos que, a pesar de todo, no delinquen. Pero claro, en la mesa de saldos de la política, ese 0,55% pesa más que el abandono del resto.

Es la termodinámica del cinismo: calientan el ánimo social con el dolor de las víctimas —un dolor que respeto profundamente porque es el único que "las paga" de verdad— para ocultar que el Estado es el que "las hace" por omisión.

El Tratado de las Buenas Intenciones (y el tacho de basura)
Nuestros legisladores, con una elasticidad moral envidiable, citan la Convención de los Derechos del Niño. Dicen que bajar la edad es "cumplir con estándares internacionales". Pero lean el Artículo 1° y el 3°: el Estado está obligado a garantizar derechos civiles, educativos y sanitarios. Es la jerarquía constitucional, no una opinión de café.

Pero parece que en el manual del político promedio, "resguardar el Interés Superior del Niño" significa esperar a que el pibe se caiga del sistema para caerle encima con todo el peso de una ley que llega tarde. El Estado no evita el daño; el Estado es el espectador que aplaude cuando el desastre se consuma para luego venderte el candado.

El escenario del crimen: La realidad material
No se puede analizar una ley en el vacío, como si viviéramos en una maqueta suiza. Miren el barro donde se va a insertar esta norma:

Pobreza infantil: El 60% de nuestros chicos son pobres.
Indigencia: Cerca de 600.000 pibes ni siquiera tienen para el guiso.
Herencia de exclusión: Ya vamos por la tercera generación que no sabe lo que es un recibo de sueldo formal.
"El germen del delito no es una elección estética; es la crueldad de un desamparo sin límites. El ajuste aplasta a un chico que nace en la periferia de la existencia y cuya única relación con el Estado será el frío de una celda."
Es una burla demagógica y repugnante. El Estado omite educar, omite dar salud, omite dar techo y, finalmente, sanciona y criminaliza a quienes abandonó previamente.

Vivimos en un sistema que fabrica marginales sin pudor, donde se corta el hilo por la más delgado: la niñez. Esa niñez que ya nació condenada mucho antes de que un juez le dicte la sentencia. Bajen la edad todo lo que quieran; el fracaso seguirá teniendo la misma mayoría de edad de siempre.

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